miércoles, 4 de octubre de 2017

¡Viva el Rey! ¡Viva España!

El sábado pasado, miles de compatriotas nos concentramos con nuestras banderas en todos los municipios de España.

¿Y por qué lo hicimos? Lo hicimos en un gesto de generosidad y solidaridad infinita con el pueblo catalán. Para recordar a los españoles que allí viven que no están solos.

También en apoyo a las fuerzas del orden (Policía Nacional y Guardia Civil) que estos días están siendo perseguidas y humilladas por el nacionalismo catalán y sus hordas.

Aparcando aquello que nos separa y nos diferencia, abrazamos algo que amamos y que nos une: una gran Nación que se llama España.

Yo, particularmente, no estuve allí por intereses partidistas o ideológicos. Estuve allí sobre todo por mis hijas, pero también por mis padres. Y por mis abuelos.

No podría mirar a la cara de estas criaturas que me ha dado Dios si me preguntan un día qué hice por impedir que su país se fuera al traste.

 ¿Acaso no merecen nuestros hijos que les dejemos un sitio donde vivir al menos igual de bueno que el recibido de las manos de nuestros padres?

Sí. Sin duda lo merecen.

¡Que levante la mano aquél que no comparta esta idea!

Para conseguir este objetivo necesitamos defender la unidad de España. Porque esta nación no se ha construido de la noche a la mañana. Se sustenta sobre la sangre de nuestros antepasados.

Ha crecido regada por su sudor y por sus lágrimas.

A lo largo de los siglos, España ha demostrado ser una gran nación, un país por el cual merece la pena luchar y vivir.

Cuando los españoles nos hemos mantenido unidos nada se nos ha puesto por delante.

Olvidemos por un momento la patria chica de cada cual... Si lo hacemos, descubriremos que esta bandera que preside todas las instituciones, y estos días cientos de balcones de nuestras ciudades, nos arropa a todos. Nos hace ciudadanos. Nos hace libres e iguales.

Hoy, el futuro de esta nación milenaria está en juego por culpa de unos cuantos. Algunos sinvergüenzas han pretendido hacer de la diferencia un todo, de la diversidad un lema y de la riqueza cultural un negocio.

¡Ya está bien! ¡Ya basta de chantajes! ¡Ya basta de tomarnos el pelo!

Hablaba antes de mis abuelos... De todos nuestros antepasados.

¿Qué dirían de nosotros los españoles que hace 200 años lucharon por España contra la invasión francesa?  Catalanes, mallorquines, vascos, andaluces, madrileños, gallegos... todos se unieron ante la invasión napoleónica y cristalizaron en las Cortes de Cádiz una de las primeras y más avanzadas constituciones europeas. La liberal y popularmente denominada "La Pepa" por rubricarse un día de San José.

Ellos, asediados por el ejército más poderoso de su tiempo, proclamaron sin complejos que España era de los españoles y de nadie más.

Recordemos sus 3 primeros artículos:

Art. 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Art. 2. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.
Art. 3. La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.

Estas premisas deberían seguir vigentes hoy, 200 años después.
El sábado pasado nos reunimos precisamente en la Plaza de la Constitución, para reivindicar la validez y el respeto a la legislación vigente.

Sin leyes y sin Nación no hay nada. Sin respeto a la Constitución ni hay derechos ni hay libertad.

Si mañana, como pretenden los nacionalistas catalanes, se resquebraja una parte del territorio nacional, estaremos ante un hecho histórico lamentable, vergonzoso y vergonzante.

Ayer, el Rey de España asumió como suya la exigencia que muchos ciudadanos han expresado en redes sociales, en las calles y en las tertulias: que el Gobierno de la Nación ponga en marcha cualquier mecanismo a su alcance para impedir que un puñado de traidores ponga en jaque la convivencia nacional y la democracia española.

Pacíficamente, exigimos a nuestro Gobierno que no permita que se cercenen los derechos y libertades de esos hermanos catalanes que no comparten las doctrinas separatistas. Es decir, de todos los españoles.

Anoche, el Rey dio un paso al frente como primer español que es y tomó partido por los que defendemos y creemos en la Constitución y hoy, gran parte de la izquierda le insulta y le vilipendia por hacer su papel: el de Jefe del Estado. ¡Ellos sabrán!

Algunos no han dudado de tachar de fascistas o de extrema derecha a los que el sábado pasado se acercaron a la Plaza a defender la unidad de su país.

Incluso alguno de ellos, y esto me apena profundamente, ha sido cargo electo durante décadas y por ende juró defender la Constitución que ahora tira por tierra y parece le molesta.

Yo, lejos de esos ataques furibundos, estoy orgulloso de haber compartido espacio con cientos de españoles anónimos y de haber llevado a mis niñas a la Plaza para que conozcan desde pequeñas que no deben avergonzarse jamás de su bandera. Quien no entienda eso, es que tiene demasiada sangre en los ojos y mira el dedo en vez de la luna.



Solo puedo dar las gracias a los ribereños que se acercaron el sábado a la Plaza, no en mi nombre, sino en el de mis hijas.

Algún día podré contarles que cuando su patria estaba en riesgo su papá, su mamá, y miles de españoles valientes diseminados por toda la piel de toro salieron a la calle un 30 de septiembre para defender las libertades y la Constitución Española.

No me queda otra que celebrarlas las palabras que anoche dirigió Su Majestad el Rey a toda la Nación para defenderla e insuflarnos ánimos a todos.

Debe quedar clara una cosa que el monarca expresó entre líneas:

Unidos somos más fuertes. Somos más y mejores que los que quieren romper España o que aquellos que callan y consienten.

Tenemos ante nosotros una obligación moral como españoles. Se lo debemos a nuestros padres, se lo debemos a nuestros hijos.

Se lo debemos a nuestra Nación.

Unidos somos un gran pueblo.


Por todo ello ¡Viva el Rey! ¡Viva España!




Javier Lindo Paredes


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